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lunes, 12 de febrero de 2018

Hombres verdes en nuestra Catedral

La creadora de esta monumental escultura de papel es Kim Graham
Con el reportaje de Jesús Rubio sobre los 'hombres verdes' aparecidos en el Claustro; con las sabias explicaciones de Clara Fernández-Ladreda; y, sobre todo, con las fotografías (haz favor de pinchar en todas) de Pachi Calleja -quien tuvo que hacer un trabajo complicado en condiciones no muy cómodas-, fue tanto lo que disfruté ayer domingo que no puedo menos que compartirlo con todos vosotros. Gracias, DN.
Ekaitz Santazilia (¡cómo no!) y Alfredo Igartua completan esta entrada en sus comentarios de Facebook

La Catedral tiene hombres verdes
La restauración del claustro ha dejado más visibles las figuras de los ‘green men’, rostros humanos cubiertos de vegetación que a veces les sale de la boca o las orejas. En el siglo XIII, cuando se construyó, era un modo de decoración

JESÚS RUBIO Pamplona
Clara Fernández-Ladreda con la foto
del green man que está dentro del dosel,
el ‘tejadillo’ sobre la cabeza de la Virgen
de la Epifanía, arriba. CALLEJA
No se puede decir del todo que nadie conociera a los hombres verdes de la Catedral de Pamplona. Al fin y al cabo, llevan ahí siete siglos, imperturbables. Pero lo cierto es que apenas un puñado de expertos saben de su existencia. Tampoco se pueden decir que hoy sean verdes. Como casi todo en la catedral han tomado el tono de la piedra, aunque en algunos quedan rastros de color, de dorados... Pero es probable que cuando se esculpieran fueran bien verdes, para que todos los vieran. Son los green men, los hombres verdes de la Catedral de Pamplona. 
Las cabezas-flores que adornan una arquivolta
de la galería norte del claustro. CALLEJA
Hace unos meses, la felicitación navideña de la Capilla de Música de la seo pamplonesa sacaba un poco del anonimato a estos green men, que no son otra cosa que rostros humanos llenos de vegetación. Incluía una fotografía de la decoración de una arquivolta de la galería norte del claustro de la catedral, unos rostros de ojos bien abiertos y cubiertos de hojas que han quedado más visibles durante los trabajos de restauaración que se acometen en este lugar. “No son exactamente green men, sino cabezas-flores”, matiza Clara Fernández-Ladreda Aguadé, profesora de Historia del Arte en la Universidad de Navarra y una de las personas que mejor conocen el claustro gótico de la Catedral. 
LAS MÉNSULAS DE LA CAPILLA BARBAZANA Están situadas a varios metros de altura. Son en realidad un green men (dcha) y una green woman (izda), una mujer verde, que son menos frecuentes. CALLEJA
Sí son green men, o mejor una pareja de hombre verde y mujer verde, dos ménsulas que se encuentran en la Capilla Barbazana, probablemente los más conocidos de todos porque son los más visibles, aunque estén a varios metros de altura. 
En el centro de la figura se puede ver un rostro de cuya
boca salen ramas y que está rodeados de uvas y hojas.
CALLEJA
No como el hombre verde que se esconde en un dintel de la puerta del Amparo, que se reconoce, y tampoco es fácil, cuando el experto le dice al profano que mire bien, que está ahí (justo en el medio). Y mucho menos, el que, bien oculto, adorna la clave de una pequeña bóveda dentro del dosel que cubre la escultura de la Virgen de la Epifanía. “Ese sólo se puede ver bien desde un andamio”. Todos esos son los green men que se esculpieron a la vez que se construía el claustro gótico, entre 1280 y 1330. 
Green-man sepulcro Sánchez de Asiáin
Pero aún existe otro, tampoco muy conocido y más tardío, de entre 1360-1370: la figura pintada, y no esculpida, de un rostro de ojos y boca abierta, rodeado de hojas, que adorna la parte superior de la tumba del obispo Sánchez de Asiáin. “Hasta ahora sólo se conocían los de la Capilla Barbazana y quizás un poco los de la arquivolta. El resto eran prácticamente desconocidos”, reconoce Clara Fernández-Ladreda. 
Sin embargo, no es extraño que los hombres verdes hayan poblado la Catedral pamplonesa. Son figuras comunes en toda Europa, aunque son especialmente comunes en Francia, Inglaterra y Alemania, donde se pueden encontrar en muchos templos e iglesias.

Desde los romanos 
Molins nos presenta este green man de
la Capilla de San Fermín
En realidad, los hombres verdes se remontan hasta los romanos, hasta las máscaras de hojas que utilizaron como elemento decorativo desde el siglo I en los llamados frisos habitados, que decoraban con elementos vegetales salpicados por figuras animales y humanas. “Es posible que estas máscaras fuesen una derviación de las cabezas de Medusa, caras de las que brotaban serpientes, y de las cabezas de Océano, que en casos como el disco de plata de Mildenhall, mezcla las hojas de acanto que constituyen la barba con delfines”, explica la profesora de la Universidad de Navarra. 
Pasados los siglos estos adornos pasaron a los templos católicos como una forma más de decoración. Fernández-Ladreda refiere el caso de la tumba de San Abre en San Hilario el Grande de Poitiers (s. IV o V), decorada con motivos tomados de tumbas paganas, entre ellas una cabeza de hojas, o los capiteles que coronan los pilares del santuario de la catedral de Tréveris, reaprovechados de un templo romano. “Su empleo en una de las más importantes iglesias de Alemania facilitó sin duda la su introducción de este motivo en la decoración medieval”. 

LA PUERTA DEL AMPARO  El hombre verde
está en el dintel de la puerta, su cubierta superior,
mirando hacia abajo. CALLEJA
Al cabo del tiempo, hacia el siglo X, estas formas cambiaron de significado y pasaron de ser un mero adorno a ser demoníacas, a ser símbolos del pecado. “Rabano Mauro, un teólogo y intelectual de la primera mitad del siglo IX, dictaminó que las cabezas de hojas representaban los pecados de la carne o de la lujuria.” Eso no impidió que se siguieran usando. Y con la eclosión del gótico, en el siglo XIII, cuando se construyó el claustro pamplonés, esas cabezas de hoja se hicieron más naturalistas, sobre todo en Francia, y se convirtieron en lo que los expertos identifican como green men. Los hay en los que lo humano y lo vegetal parecen fundirse, como ocurre en las ménsulas de la Capilla Barbazana, y otros, como el de la Puerta del Amparo, en los que lo vegetal y lo humano se mantienen separados, por muy entrelazados que estén. 
Puerta del Amparo, Dormición de María
Fernández-Ladreda cree que los green men de la catedral pamplonesa se colocaron allí porque los escultores los consideraban un bonito detalle decorativo. Salvo las ménsulas de la Capilla Barbazana, donde otros motivos advierten de pecados con historias moralizantes. Allí, en lo alto de esa Capilla se puede ver la escutura de una mujer que amamanta dragones o la figura de un ciervo, que recuerda la
fábula de uno de estos animales, embelesado con sus grandes y bellos cuernos y decepcionado de sus delgadas piernas, hasta que un día, cuando le persigue un cazador, sus cuernos le traicionan porque se le enredaron en un árbol. Una historia con moraleja: prefiere lo útil a lo bello. 
La Catedral de Pamplona, todas las catedrales, están llenas de historias. “Hay que imaginar todas estas esculturas pintadas en colores vivos”. Porque así se veían, y los que entraban en la Catedral podían ‘leer’ los mensajes que hoy se nos hacen extraños. Eran los tiempos en que los green men eran, de verdad, verdes.

La decoración que muestra a Aristóteles
montado por Filis. CALLEJA
Aristóteles dominado y Virgilio desnudo, otras historias de la Catedral
En las decoraciones del claustro se narran historias moralizantes, que eran muy conocidas en la Edad Media
El claustro de la Catedral de Pamplona da para muchas historias. Incluso, como dice Clara Fernández-Ladreda, para fábulas “picantes”, que además protagonizan personajes bien conocidos. 
Por ejemplo, mirando bien la foto de al lado, se puede distinguir en la decoración un hombre a cuatro patas, como suele decirse. Incluso se puede ver sobre él a una mujer que le domina. Pues bien, se trata de nada menos que Aristóteles, el filósofo griego, protagonista de una leyenda inventada que trataba de advertir a los hombres del peligro que tenía el encanto de algunas mujeres. La fábula en realidad cuenta la trampa que le tiende al viejo filósofo Filis, una cortesana de la que andaba enamorado su pupilo Alejandro Magno. Como Aristóteles había reprendido a Alejandro por distraerse demasiado con las cortesanas, Filis decide dejarle en evidencia seduciendo al filósofo, que cae prendado de la mujer, tanto de que no duda en dejarse montar como si fuera un caballo cuando ella se lo exige. Ahora Alejandro es quien le recrimina a Aristóteles; éste se arrepiente y le advierte sobre el amor. “Si de un viejo filósofo puede hacer un loco, a qué extremos no puede conducir a un joven príncipe”, le vino a decir. 
En un capitel no muy lejano en el claustro, se puede ver con cierta claridad a un hombre desnudo en una cesta. De nuevo hace referencia a un hombre ilustre de la Antigüedad, el poeta Virgilio, autor de la Eneida, que se convierte también en protagonista de una leyenda moralizante y probablemente falsa, pero bastante conocida en la Edad Media. De nuevo advertía contra los deseos físicos y las mujeres atractivas. Según esta historia, Virgilio se enamoró de la joven Lucrecia, que era la hija del emperador. Esta pareció darle esperanzas e incluso le citó en su casa. Sólo que tenía que colarse durante la noche, subido en una gran cesta que ella alzaría desde la ventana. Virgilio le creyó a pies juntillas, tanto que se montó a la cesta desnudo. Sin embargo, Lucrecia solo le subió hasta la mitad de la pared y le dejó allí atrapado, para que fuese descubierto durante el día.

La máscara frondosa de la portada de Santa María de Olite.
Los ‘Green Men’ de otras partes de Navarra: Olite, Ujué, Eristain...
Los hombres de la primavera o máscaras frondosas se hallan en distintos lugares de la Comunidad foral
Los green men eran una decoración más o menos habitual durante la Edad Media, así que no resulta extraño que estas figuras se puedan encontrar en otras zonas de Navarra. 
Clara Fernández-Ladreda considera que el más interesante es probablemente el que adorna la fachada de la iglesia de Santa María la Real de Olite, una máscara “frondosa” en la que las hojas le salen al hombre de la boca y le cubren la frente y las orejas. 
El green man de Eristain, pintado en lo alto del muro.
También hay hombres verdes, denominados también allí hombres de la primavera, en la iglesia-fortaleza de Ujué, en concreto dos ménsulas en la zona de contrafuertes, y en Pamplona, en la iglesia de San Saturnino, en una de sus claves. 
Otro llamativo hombre verde es el de la iglesia de Eristain, en la Valdorba. Aunque Fernández Ladreda no ve del todo claro que sea un green man, sí reconoce que ese rostro pintado en el interior del templo puede tener hojas a los lados. 
Lo que sí refuta es que se trate, como han dicho algunos, de una representación del Basajaun.

Ekaitz Santazilia Hola:
Completemos la lista de hombres verdes navarros.
He podido fotografiarlos en una ventana del patio interior de la casa de Fray Diego de Estella, en los escudos del antiguo ayuntamiento de Estella, en la puerta de la iglesia vieja de Aldaz, en la puerta de la iglesia de Larumbe, en la de Larragueta, en la de San Martín de Tours en San Martín de Unx, en la de Belascoáin, en canecillos del monasterio de la Oliva, en una puerta y una ventana en San Miguel de Aralar, en un capitel de la iglesia de Arbizu, en la puerta de Zamarce, en la fachada de una casa en Lacunza y en Santa María de Olite.
Tengo que comprobar si los hay en el Convento Santo Domingo de Estella y en Santa María de Viana.
Un saludo.

Ekaitz Santazilia Y creo recordar que hay otro en un capitel del refectorio de la catedral, entrando a la derecha, sobre la puerta de acceso a la cocina. Me extraña que no lo hayan mencionado en el artículo. Igual estoy equivocado...

1 comentario:

Ekaitz dijo...

Hola:

Completemos la lista de hombres verdes navarros.

He podido fotografiarlos en una ventana del patio interior de la casa de Fray Diego de Estella, en los escudos del antiguo ayuntamiento de Estella, en la puerta de la iglesia vieja de Aldaz, en la puerta de la iglesia de Larumbe, en la de Larragueta, en la de San Martín de Tours en San Martín de Unx, en la de Belascoáin, en canecillos del monasterio de la Oliva, en una puerta y una ventana en San Miguel de Aralar, en un capitel de la iglesia de Arbizu, en la puerta de Zamarce, en la fachada de una casa en Lacunza y en Santa María de Olite.

Tengo que comprobar si los hay en el Convento Santo Domingo de Estella y en Santa María de Viana.

Un saludo.